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Publicado el 12 de marzo de 2025
Cuando un cliente corporativo se acerca por primera vez a un estudio de propiedad intelectual, las dudas suelen ser más prácticas que teóricas. No preguntan por la ley, preguntan por el proceso, los plazos y lo que realmente necesitan presentar.
En nuestra experiencia con empresas argentinas y del mercado andino, hay cinco preguntas que aparecen en casi toda primera reunión. Responderlas con claridad marca la diferencia entre una consulta que avanza y una que se queda en el tintero.
La respuesta depende del país y del tipo de examen. En Argentina, un trámite estándar puede llevar entre dos y cuatro años si no hay oposiciones. En la Comunidad Andina, los plazos varían: Perú suele ser más ágil que Ecuador. Lo importante es que el cliente entienda que el proceso no es inmediato y que una búsqueda previa de antecedentes puede ahorrar meses de rechazos.
Además de la descripción técnica de la invención, se requiere un poder notarial, la comprobación de pago de tasas y, en muchos casos, una traducción jurada al español si el documento original está en otro idioma. Los clientes suelen subestimar el tiempo que lleva conseguir una traducción certificada.
En Argentina, el software como tal no es patentable, pero sí puede protegerse si está integrado a un proceso industrial. Los métodos de negocio puros no pasan el filtro de novedad. Es una pregunta recurrente en startups tecnológicas que llegan con una idea innovadora pero sin el encuadre legal adecuado.
Aquí entra el análisis de libertad de operación. No basta con que la patente exista; hay que revisar si está vigente, en qué territorio y si hay licencias activas. Un cliente informado entiende que una patente similar no siempre bloquea el registro si se demuestra un avance técnico suficiente.
Desde la primera consulta firmamos un acuerdo de confidencialidad. El cliente debe saber que toda la información compartida está protegida por secreto profesional y que, antes de cualquier divulgación pública, se revisa el estado de la solicitud. Es una tranquilidad necesaria cuando se trata de activos estratégicos.
Estas preguntas no son un obstáculo, son el punto de partida de una relación profesional sólida. Responderlas con anticipación permite que el cliente llegue preparado y que el proceso sea más fluido desde el día uno.
Una mirada directa a las inquietudes reales que surgen antes de firmar un acuerdo de asesoría legal.
Cuando un cliente corporativo se acerca por primera vez, suele tener más dudas que certezas. No se trata de desconfianza, sino de prudencia. En más de quince años manejando contratos internacionales y registros de patentes, he visto que las preguntas se repiten con una precisión que merece ser atendida por separado.
La primera cuestión suele ser sobre el alcance del servicio. No basta con decir "asesoría legal". El cliente quiere saber si cubrimos la redacción completa del contrato, la negociación con la contraparte y la eventual defensa en caso de disputa. Mi respuesta es siempre la misma: depende del encargo, pero ofrezco un desglose por fases para que no haya sorpresas.
Otra pregunta recurrente es sobre la confidencialidad. En un entorno B2B, la información que se comparte durante la debida diligencia puede ser estratégica. Explico que todos los documentos se manejan bajo acuerdos de no divulgación y que el área cifrada del portal permite un intercambio seguro sin depender de correos electrónicos abiertos.
También preguntan por los plazos. No prometo fechas irreales. Si se trata de una patente industrial en Argentina, el examen de fondo puede llevar entre 18 y 24 meses. Para un contrato de licencia internacional, el tiempo de redacción y revisión suele ser de tres a cuatro semanas, siempre que las partes respondan con agilidad.
Por último, está la pregunta sobre el costo. No doy presupuestos genéricos. Cada caso tiene variables distintas: complejidad técnica de la invención, número de jurisdicciones involucradas, urgencia del cliente. Prefiero agendar una breve conversación para entender el contexto y luego presentar una propuesta ajustada.
Estas preguntas no son obstáculos, son señales de que el cliente está tomando la decisión con seriedad. Responderlas con claridad y sin rodeos es la base de una relación profesional que funciona.
Beatrice Stevens
Abogada corporativa · Propiedad intelectual y contratos internacionales
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